Brillos de la naturaleza
Declarada Reserva Natural Provincial, alberga una variedad
única de animales y plantas en una superficie de 13 mil kilómetros
cuadrados. Relato de una visita a los esteros, en el corazón de la
provincia de Corrientes.
El sol brilla con intensidad y
el viento agita la superficie del agua. Son las 3.05 de la tarde y un
yacaré overo, de casi dos metros de largo, reposa sobre unos camalotes.
La escasa distancia que nos separa del animal alcanzaría para tocarlo
con la mano, pero la prudencia indica lo contrario. Nuestro guía nos
invita a hacer pie sobre una de las islas flotantes que se ven en las
proximidades. Avanzamos con precaución y encontramos una familia de
carpinchos que nos observa sin demasiado interés, a no más de diez
metros de distancia. Están acostumbrados a la presencia del hombre,
como muchos de los animales que habitan esta zona. Los esteros del
Iberá -cuyo significado en lengua guaraní es agua brillante- ocupan una
extensión cercana a los 13 mil kilómetros cuadrados, conformando un
humedal único en su especie, con una importante biodiversidad
subtropical. La zona alberga boas del agua, lobitos de río, coipos
(animal semejante a la nutria), ositos lavadores, lobos de crin, monos
carayás o aulladores, gatos de los pajonales, zorros grises chicos y
zorrinos, además de hurones, comadrejas, liebres y vizcachas. El ciervo
de los pantanos -animal en riesgo de extinción-, hace gala de la
belleza de su porte.
LA LLEGADA La tierra
colorada invade de polvo el vehículo en que viajamos. La velocidad no
puede superar los 60 kilómetros por hora. Hay que andar 120 kilómetros
por un camino de ripio escarpado. A lo largo del recorrido, por la Ruta
Provincial 40, no se observa un solo lugar para tomar un descanso, ni
siquiera una estación de servicio. De vez en cuando se divisa alguna
plantación de arroz. A casi tres horas de haber salido de la ciudad de
Mercedes, el paisaje comienza a verse interrumpido por pequeños montes
de árboles, un indicio de que nos estamos acercando al humedal más
grande de América latina y a una de las reservas de agua más
importantes del planeta. Sobre las 5 de la tarde arribamos a Colonia
Pellegrini, un poblado de casas bajas y calles polvorientas, de unas
veinte cuadras de extensión y con una población estable no mayor a las
600 personas, ubicado al costado de los esteros.

En el
embarcadero de la hostería Ñandé Retá, un establecimiento de
ambientación alpina, nos aguarda una lancha a motor conducida por un
guía, que nos internará por los esteros. La soledad y el aislamiento de
la zona sólo se ven interrumpidos por el canto de un chajá llamando a
su pareja, o por los gorjeos de los gallitos de agua, que se mueven sin
descanso. Este humedal, con sus sesenta espejos de agua, permite
apreciar muchos secretos de la naturaleza. El Centro de Interpretación
de los esteros -una construcción modesta de techos bajos- da cobijo a
los guardaparques, que ofrecen al turista una guía para que se pueda
relacionar de un modo saludable con el lugar. Los guardaparques
supieron ser antiguos cazadores furtivos y el gobierno provincial los
recuperó para que lleven adelante la tarea de combatir la depredación
de la fauna. Con dedicación, han conseguido algo que parecía imposible:
que los animales salvajes no se sobresalten con la presencia humana.
"Los pantanos y lagunas tienen una profundidad que no supera los tres o cuatro metros"Los
pantanos y lagunas tienen una profundidad que no supera los tres o
cuatro metros y los embalsados son artilugios de la ingeniería natural,
sobre cuyos entretejidos vegetales se acumula tierra, dando forma a un
caparazón que posibilita el arraigo y crecimiento de distintas especies
verdes. De sus desprendimientos salen las islas flotantes, que son
arrastradas por las corrientes y el viento. Sobre la superficie del
agua se pueden apreciar irupés o nenúfares, camalotes, juncos,
espadañas, lirios, jacintos de agua y helechos pequeños. En las islas
se destacan robustos ombúes, jacarandáes, lapachos, ceibos, sauces,
curupíes, timbóes, guayabíes y espinillos. La increíble riqueza animal
y vegetal llevó a que el 15 de abril de 1983 el lugar fuese declarado
Reserva Natural Provincial.
AISLADOS EN EL TIEMPO
El
sol comienza a caer, son las 6.45, la brisa se torna fresca y provoca
escalofríos. Dejamos atrás la postal de los humedales y la lancha pone
proa hacia la costa. Al tocar tierra nos cruzamos con una joven mujer
que integra un grupo turístico. "¡Esto es el paraíso, hombre!", exclama
con una sonrisa y agrega con un inconfundible acento español: "Acá la
naturaleza explota de una manera que sorprende". Ya de regreso,
cobijados por la calidez de la hostería, conversaremos con Estrella
Losada, una sanjuanina de 29 años, licenciada en turismo, que hace un
tiempo se instaló en Colonia Pellegrini y es la encargada de dirigir la
hostería Ñandé Retá. Esta mujer rubia cuenta que el turismo principal
procede de Alemania, Holanda e Inglaterra. Dice que el pueblo de
Colonia Pellegrini es sumamente interesante, en parte porque debido a
los malos caminos siempre estuvo aislado. "Acá se conservan tradiciones
y las madres continúan acompañando a sus hijas a los bailes", dice a
modo de ejemplo. Explica que la zona, primordialmente utilizada para
pastura de animales y en donde existen algunas arroceras, no está
preparada para recibir un turismo masivo y afirma que muchos lugareños
están en contra de la llegada del asfalto, que llevaría a perder el
encanto del lugar y atentaría contra el ecosistema. Mientras Estrella
continua el relato, en la chimenea de la sala de estar los leños se van
consumiendo lentamente. "Fijáte vos cómo serán las cosas acá que tengo
una vecina de 85 años que, aunque en Colonia Pellegrini hay energía
eléctrica, no tiene luz porque le tiene miedo. Ella asegura que la luz
mata", cuenta.
Al día siguiente partimos hacia Corrientes
capital. Atrás van quedando Colonia Pellegrini y los esteros del Iberá
con sus bañados, islas flotantes y majestuosos espejos de agua. El
viejo lanchón, que supo cruzar a los visitantes antes de la
construcción del puente, yace fondeado en la costa y es el único
elemento hecho por la mano del hombre que interrumpe la perfección de
la naturaleza.
Horacio Aranda Gamboa
Fotos: José Luis Raota